
|
EFE
Sergio González Rodríguez con un ejemplar de su revulsivo Huesos en el desierto.
|
Pablo Chacón
Buenos, Aires, Argentina
Sergio González Rodríguez estudió letras, escribe y vive del periodismo. Su investigación sobre el asesinato sistemático de mujeres en Ciudad Juárez, Huesos en el desierto (Anagrama), tiene ya tres actualizaciones desde la primera edición en 2002. Está llamado a convertirse en un clásico, como lo es en idioma inglés In Cold Blood (A sangre fría), de Truman Capote. Ni periodismo ni literatura ni nuevo periodismo: son libros que exceden cualquier nomenclatura.
"Para un escritor no basta la denuncia, hay que darle calidad a ésta", dice este mexicano que, mientras investigaba y escribía, sufrió secuestros, torturas y hasta una desaparición temporaria. Su colega Elena Poniatowska ha dicho que los hechos de Ciudad Juárez, en la frontera con los Estados Unidos hacia el estado de Texas por la localidad de El Paso, "son un escándalo mayúsculo", que dura hasta la fecha, de cifras pavorosas: casi 500 cadáveres (mutilados, violados, torturados), la misma cantidad de desapariciones y un plus de niños y hombres asesinados o nunca encontrados.
"¿Por qué Sergio González Rodríguez escribió Huesos en el desierto? Por lo general, los intelectuales no se aventuran a temas tan sórdidos", escribió su colega escritora. Decidido desde sus columnas del diario Reforma a continuar la investigación (y mucho más después de su secuestro y tortura), González Rodríguez salió de su estudio y se internó en el terreno. Produjo un objeto estético y una pieza periodística que no tiene parangón en el continente.
Sus acusaciones al gobernador de Chihuahua (dónde está Ciudad Juárez) y la reacción del poder político, empezando por el entonces presidente Vicente Fox, descubrieron una trama que había empezado a repetirse desde 1993 gracias a los carteles de la droga, pero que venía de mucho antes. La renuncia del canciller Jorge Castañeda al gobierno de quien fuera gerente de la Coca Cola en México -aunque jamás lo reconocerá- estuvo disparada por este libro demoledor: Ciudad Juárez, para el norteamericano Robert K. Ressler (quien inspiró las películas que protagoniza el caníbal Hannibal Lecter y atrapó al "carnicero de Milwaukee", entre otros asesinos seriales), es una twilight zone, una dimensión desconocida.
Sergio González Rodríguez nació en el Distrito Federal mexicano en 1960. Lo que sigue es el intercambio vía correo electrónico que sostuvo con Terra Magazine después de una serie de recaudos que se convinieron para certificar la autenticidad de los envíos. El autor de Huesos en el desierto no usa teléfonos.
Entrevista
Terra Magazine: Su interés en la temática de este libro era previa a su escritura. ¿Podría contar a raíz de qué nació la necesidad de investigar, ahondar y finalmente poner en formato libro un trabajo de este tenor?
González Rodríguez: Desde tiempo atrás me ha interesado la interpretación de la cultura a partir de fenómenos violentos. Sobr todo, los escritos de Michel Foucault, Hans Magnus Enzensberger o Leonardo Sciascia al respecto. Estudié letras y ejerzo el periodismo, la literatura, la crítica. Y como colaborador del diario Reforma de la Ciudad de México inicié una serie de artículos y reportajes diversos acerca de los asesinatos sistemáticos de mujeres en la frontera de México con los Estados Unidos desde hace más de una década. Debido a que el problema de la impunidad ha persistido, hacia 1999 pensé que sería necesario hacer un libro integral sobre el asunto. En 2002 publiqué Huesos en el desierto en Barcelona, España, un libro entre cuyas finalidades estaba la de hacer un registro de los hechos. Ahora, las autoridades y sus voceros insisten en que todo aquello está solucionado, incluso se han atrevido a hablar de que todo fue un mito "lucrativo" de quienes cuestionamos sus versiones. Para contradecir semejante infamia, persiste la memoria de las víctimas y sus familias.
Terra Magazine: El libro es un cruce de relato, crónica negra, una primera persona que corre determinados riesgos, un informe forense y los hechos casi diarios que tienen lugar en esa ciudad de frontera. La investigación fue hecha in situ. ¿Corrió peligro alguna vez? Si eso es así, ¿quién cree usted que comanda a los sicarios: el narco, la policía, el estado, todos? Y más literario, ¿reconoce usted autores que lo hayan marcado o decidido a narrar las cosas de esta manera? ¿Cuáles serían si existen y qué rasgos de estilo le interesan?
González Rodríguez: Cada vez que fue necesario viajé a Ciudad Juárez a investigar. Cada capítulo del libro lo atestigua. Indagar los nexos entre el poder público y privado y el crimen organizado es de alto riesgo en México y en otros países de América Latina: he sufrido dos secuestros intimidatorios, golpizas, hospitalización, amenazas de muerte y hasta una desaparición. Aún así, salí bien librado: en 2006 hubo en el país diez asesinatos de periodistas de investigación, en 2007 murió uno y otro continúa desaparecido. Como expongo en mi libro, los asesinatos sistemáticos de mujeres en Ciudad Juárez han sido producto de una complicidad entre narcotraficantes, políticos, funcionarios y policías. El drama de aquella frontera me llevó a la relectura de autores como Truman Capote, Norman Mailer y James Ellroy. Encuentro en ellos un ejemplo de voluntad estilística que me ha resultado muy fructífero. Para un escritor no basta la denuncia, hay que darle calidad literaria a ésta.
Terra Magazine: Huesos en el desierto también puede leerse como una suerte de novela de terror con final abierto. Desde la publicación de la última versión del libro, ¿las cosas cambiaron, se agravaron, continúan "estables", por decirlo así? ¿Y cuál es su opinión sobre el origen de esta serie de crímenes: digo, su origen en el sentido de la saña, la cantidad de asesinatos, la mitología (o no) de las snuff movies, del tráfico de personas, de las connivencias entre carteles de la droga, la industria de las maquilas y el poder político y judicial de ambos lados de la frontera?
González Rodríguez: Al persistir la impunidad, el riesgo para las mujeres continúa. A las mujeres las han asesinado por ser mujeres en un festín sin límite de poder, abyección y salvajismo extremo de índole masculina. No se ha demostrado hasta el momento que exista en estos excesos el móvil de las películas snuff, ni el tráfico de órganos, ni la idea de violadores y matarifes americanos, ni los soldados asesinos de la base militar de El Paso, Texas, ni ninguna de esas hipótesis. El poder involucrado es mexicano, si bien algunos de los participantes puedan tener doble nacionalidad por residir en una frontera con los Estados Unidos.
Terra Magazine: Si se exceptúa la noción teológica de mal absoluto, ¿quiénes se beneficiarían con estas atrocidades que incluyen hasta desapariciones y asesinatos de extranjeros?
González Rodríguez: La frontera es mucho más que un puente internacional y miles de migrantes que atraviesan dicho puente. Es una zona en la que por la importancia económica y de las industrias del crimen en gran escala que se presenta, las tensiones y los intereses suelen entrelazarse entre lo lícito y lo ilícito. Los beneficiarios de los asesinatos de mujeres, así como los de otros crímenes (lavado de dinero, contrabando, tráfico de indocumentados, secuestro, prostitución, explotación de niños y menores, etcétera) son los "dueños de la plaza": el poder económico que hace negocios delincuenciales con tal de mantener un estado de cosas. Y también, como un gusto mórbido, han secuestrado y asesinado a mujeres jóvenes y pobres.
Terra Magazine: ¿Por qué mujeres, aunque no únicamente, son la mayor parte de las asesinadas? Pregunta obligada: ¿el supuesto "machismo" mexicano puede explicar sino todo, algo de esta problemática? En la Argentina, de hecho es así.
González Rodríguez: El asesinato sistemático de mujeres es lo más conocido, pero también ha habido casos de niños o jóvenes asesinados cuyos cuerpos se halló con signos de violencia sexual. El machismo, desde luego, es un factor básico, pero en muchas partes hay machismo sin que se presente semejante magnitud y exacerbación misóginos. Ciudad Juarez ha puesto en evidencia un factor adicional que la hace peculiar: la presencia del Cartel de Juárez desde finales de los años ochenta; es el grupo delincuencial de mayor peso y vigencia en México hasta la fecha. Aparte del machismo, hay ingredientes de poder o crimen organizado, o ambos, que desatan tal furor criminal contra mujeres inermes.
Terra Magazine: ¿Cuánto cree usted que ha influido en estos hechos el nuevo lugar que la mujer contemporánea se ha ganado en el mundo global, aunque por lo que usted relata la mayor parte de las desaparecidas o asesinadas eran jóvenes cuya mayor ambición era escapar al infierno de un país donde se ha detenido la movilidad social?
González Rodríguez: Como explico en el libro, el protagonismo de la mujer en aquella localidad fronteriza, como parte de la mano de obra de industrias transnacionales allá asentadas, influyó en el odio creciente de la mentalidad masculina más primaria. Sin embargo, de nuevo, en ninguna otra ciudad como en Ciudad Juárez pudo darse tal convergencia del poder y de impunidad contra mujeres desposeídas, gran parte de ellas secuestradas en el espacio público antes de ser asesinadas en operaciones de "asesinatos de juerga" de grupos al servicios del poder arriba descrito y que han contado con el apoyo táctico de corporaciones policíacas para secuestrar víctimas y deshacerse de los cuerpos.
Terra Magazine: ¿Cuál es el papel o la responsabilidad del sistema político y del sistema judicial mexicano en estos episodios? ¿Y de los norteamericanos? ¿Existen pruebas de la connivencia entre todos estos grupos por la cuestión de las drogas, el trabajo esclavo, la inmigración y el estatuto de indocumentados de muchos migrantes?
González Rodríguez: En México, las instituciones encargadas de procurar la justicia y hacer cumplir la ley han mostrado indiferencia e, incluso, connivencia y corrupción. Tanto a nivel local como federal ha habido campañas para manipular los hechos, acallar reclamos, desprestigiar a los que demandan investigaciones de fondo. En los Estados Unidos se ha visto el interés de colaborar con las indagatorias por parte de agencias como el FBI. Sin embargo, las autoridades mexicanas sólo han aceptado "apoyo" o "capacitación", nada más. Y se ha hecho sólo por razones propagandísticas en el sentido de aparentar seriedad en el asunto. Como he comentado, el poder en la frontera es mucho más que narcotraficantes que llevan y traen droga mientras escuchan narcocorridos y visten ropas estrafalarias. De acuerdo con cifras internacionales, en México se lavan al año 24 mil millones de dólares. Para manejar tal cantidad de dinero se requiere de una red vasta de poder político y económico de alcance nacional e internacional al más alto nivel.
Terra Magazine: Su opinión sobre el fenómeno del narcocorrido. Este estilo musical, entre oral y narrativo, ¿no favorece ese clima de violencia extendido bajo la línea de toda la frontera y también del otro lado? ¿Cómo se explica su popularidad?
González Rodríguez: El narcocorrido es una actualización a la altura de los tiempos de formas antiguas de comunicar y dejar constancia a través de canciones de actos, reales o ficticios, en la mentalidad popular. Es una suerte de épica menor e inversa, y se limita a ser un reflejo de una realidad más compleja que las fantasías de los traficantes de drogas y sus compositores y cantantes. En sociedades en crisis como la mexicana, los contravalores de la delincuencia son también materia para las ilusiones de los que poco o nada tienen. La lucha contra la ley es hoy en día un imperativo de supervivencia para muchos. El poder corruptor del narcotráfico es un arma política y económica de primera importancia en México. Los narcotraficantes tienen aliados en todas las instituciones. La guerra que ahora se vive en México contra el narcotráfico tiene visos de guerra civil: el estado y los gobiernos combaten contra la otra parte del Estado y los gobiernos.
Terra Magazine: Acaso vinculado a esto: la droga parece estar siempre presente, pero en muchos de los asesinatos documentados hay un plus todavía más siniestro: satanismo, brujería, sacrificios rituales, etcétera. ¿A qué podría deberse que la barbarie tomara además esa forma?
González Rodríguez: La ideología satanista o brujeril es un componente más de la violencia cotidiana en territorios y actividades de alto riesgo. En México está demostrada, como en Colombia, la existencia de la brujería vinculada al narcotráfico. En una parte de los asesinatos sistemáticos contra mujeres en Ciudad Juárez, se ha encontrado la evidencia de aquellos contenidos. En la frontera entre México y los Estados Unidos prolifera la brujería satanista, la santeria, el vudú, y cultos sacrificiales como San La Muerte.
Terra Magazine: Su diagnóstico de cara al futuro: las noticias que llegan todos los días pueden convertir en escéptico a cualquiera. Pero en fin, ¿cómo cree usted que seguirá esta situación?
González Rodríguez: Mientras persista la impunidad continuarán aquellos y otros crímenes, quizás más sanguinarios. De allí lo importante que es mantener la memoria de lo acontecido. Este tipo de asesinatos contra mujeres tiende a generalizarse en el mundo delincuencial por razones atávicas. La sangre derramada de las víctimas ha servido para fincar la preeminencia masculina desde la antigüedad. Más allá de las ilusiones en el progreso, la igualdad, la falsa democracia, sigue vigente tal fervor en la violencia. Vivimos una época en la que el más alto desarrollo tecnológico de la posmodernidad coincide con el uso de la violencia premoderna.
Terra Magazine