
|
Cortesía
Lennon miraba estéticamente al blues como "una silla donde sentarse, para acomodarse, no para ser (ad)mirada".
|
Paquito
Esta semana hubiera sido el cumpleaños de John Lennon. Siempre me pareció más lindo y saludable festejar los cumpleaños que conmemorar los fallecimientos. En el caso específico de Lennon, la muerte tuvo un factor trágico, ya que, todos saben, murió asesinado.Sin embargo, nunca olvidé la fecha de su muerte, el 8 de diciembre de 1980, día de Nuestra Señora de la Concepción, y feriado en Bahía (Brasil). Tampoco pude olvidar las circunstancias en que recibí la noticia. Tenía 16 años y estaba realmente descubriendo la obra de los Beatles, 10 años después de la separación del grupo. Un primo me llamó por teléfono a las 7 de la mañana del día siguiente, tan sólo para decir: "Murió John Lennon". La frase sonaba extraña, pues había noticias de que reaparecería públicamente con un nuevo disco, luego de 5 años de recogimiento, lo que parecía una vida, pues en aquella época los astros pop grababan un disco por año.
Era inevitable que se reuniera una multitud alrededor del edificio Dakota, donde él vivía y cerca de donde fue asesinado, en gesto de vigilia. Y aún más inevitable que los diarios recordaran su pasado de activista por la paz, cuando su vida le fue arrebatada en ese momento a manos de un hombre armado de un revólver. De inmediato, todas las radios pasaban sus canciones, y la más recordada era la utópico-anarquista Imagine, libelo pacifista por el cual quería ser recordado.
La muerte de Lennon también sepultó la esperanza de que un día The Beatles volvieran a tocar juntos, y esto contribuyó a la permanencia del mito de la banda, y a la permanencia de su propio mito que él mismo, a lo largo de la vida, intentó romper. The Beatles, justificadamente, siguen siendo descubiertos por nuevos oyentes y viejos fans debido a la excelencia de su legado estético. Para John Lennon quedó la imagen de militante de la paz, cultivada por la prensa, por sus fans y por Yoko. Cuando se habla de su música, siempre se remite a The Beatles, y su carrera solista es vista con una mezcla de indulgencia e indiferencia, donde el político se superpuso con el artista. Lennon, más crítico que los críticos, siempre se consideró un artista por sobre todo: "Escribo en las circunstancias en que me encuentre, ya sea hundiéndome en ácido o en agua".
Cuando analizó el período en que se involucró con la izquierda norteamericana y lanzó el doble Some Time in New York City, lo clasificó de "periodismo" en oposición al "arte" presente en sus otros álbumes. Y si sus bed-ins y performances pacifistas hoy suenan ingenuas, son acertadas sus consideraciones estéticas sobre, por ejemplo, el blues: "El blues es mejor. (...) Porque es verdadero. No fue pervertido ni pensado... No es un concepto. Es la silla, y no el dibujo de la silla o una silla mejor, más grande, con cuero o sofisticada. Es la primera silla. Silla para sentarse, no para mirar ni para admirar. Uno se acomoda en esa música".
No quiero menoscabar la importancia del Lennon pensador de una cultura conjugada con la política. Aquél que declaró a Rolling Stone que el sueño había terminado, anunciando la derrota de los ideales de la generación de Woodstock. Pero incluso ese momento suyo de madurez quedó mejor explicitado en el disco Plastic Ono Band, de la misma época (1970), su mejor trabajo. Su furia provocativa y proto-punk se sostienen en una estética sustantiva, presente hasta en los nombres de los temas (God, Mother, Love) y la formación instrumental económica, con apenas tres músicos constantes nada virtuosos (el mismo John en guitarra o piano, Klaus Voormann en bajo y Ringo en batería), cuando no sólo en su voz y guitarra como en Look At Me, Working Class Hero y My Mummy's Dead.
Hizo dos discos como solista, de los que destaco Walls & Bridges, de 1975, que realizó cuando estaba separado de Yoko. Sin embargo, es fantástico oír las pistas que están en la caja de Anthology, sólo con sobras de estudio, lanzada años después de su muerte. El disco oficial, producido por el propio Lennon, posee el agregado de vientos y orquesta, muy al gusto de la época, y un efecto en la voz que pasteuriza la interpretación del cantante. Las pistas que están en Anthology apenas tienen un acompañamiento básico y la voz está "limpia". Además está el hecho de que John Lennon grababa la voz junto con los músicos, haciendo que la música sonara orgánica y vivaz.
Lo mismo se aplica a los otros álbumes, llenos de buenas canciones pero con un exceso de "producción". El Anthology de Lennon (no confundir con Anthology de The Beatles) da ejemplos de sobras de estudio muy interesantes. Al comienzo del documental Imagine hay una grabación de Real Love en la que Lennon se acompaña con guitarra, impresionante por su expresividad. Y en YouTube, basta buscar para encontrar Free As A Bird, sólo con Lennon al piano, sin las interferencias póstumas de los otros Beatles. La letra no está completa, pero la canción está ahí, más integra que nunca, la voz sin filtros ni efectos. Tal como él decía cuando hablaba del blues: "Es la silla, y no el dibujo de la silla (...) Uno se acomoda en esa música".
Terra Magazine