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Decenas de indígenas venezolanos mueren a causa de una enfermedad no identificada

Getty Images
Aunque se cree que la mordedura de murciélago estaría causando las muertes, aún no se ha podido confirmar esto.

Juan Francisco Alonso
Caracas (Venezuela)

El estado Delta Amacuro, al este de Venezuela y fronterizo con Guyana, es conocido por sus bellezas naturales, en especial por la desembocadura del río Orinoco, el principal del país; y también por ser el asiento de varias etnias indígenas, entre ellas los waraos (gentes de agua), diestros en la navegación. Sin embargo, en los últimos días tanto la entidad como sus habitantes más famosos han ocupado las primeras páginas de los diarios y parte de los noticieros de las televisoras por razones preocupantes: Desde 2007 han fallecido 38 indígenas, 16 de los cuales perdieron la vida en los últimos dos meses.

La denuncia la formularon Conrado Moraleda y Enrique Moraleda, dirigentes waraos; y el antropólogo estadounidense Charles Briggs y su esposa, la médico Clara Mantini, en un informe de siete páginas que presentaron ante los ministerios de Salud y de Pueblos Indígenas a fin de solicitar la inmediata intervención del Ejecutivo Nacional.

Briggs, quien es profesor de la Universidad de California y tiene 20 años en la zona, trabajando en la formación sanitaria de las comunidades originarias, relató, en declaraciones a Terra Magazine, que los Moraleda se les acercaron para informales que miembros de su comunidad estaban muriendo en circunstancias muy extrañas.

"Nos trasladamos hasta la zona para hablar con los familiares de los fallecidos y preguntarles los síntomas que presentaron y qué habían hecho ellos los días, semanas y meses previos. Luego de descartar la diarrea y otras enfermedades que son muy comunes entre los indígenas observamos un cuadro clínico muy parecido. Todos comenzaron presentando fiebre y malestar general, luego sentían picazón en el pie, la cual iba degenerando en una parálisis ascendiente desde los miembros inferiores a los superiores. Posteriormente presentaron problemas para tragar la comida e hidrofobia (miedo al agua), lo cual les impedía tomar líquidos. Mi esposa se percató que estos síntomas eran muy parecidos a los de la rabia", informó.

El catedrático precisó que el siguiente paso fue hallar el posible transmisor de la enfermedad, pues estas etnias normalmente no poseen perros. "Ahí fue cuando recordé que los murciélagos pueden contagiar la rabia y comenzamos a preguntar si los fallecidos habían sido mordidos por estos mamíferos voladores y encontramos que en efecto lo habían sido", dijo.

No obstante, rápidamente aclara que esto es un "presunto diagnostico, no un diagnostico". La explicación la ofreció su esposa, la doctora Mantini, quien también conversó con Terra Magazine. "Nosotros no teníamos laboratorios disponibles ni pudimos practicar ninguna autopsia a ninguno de los fallecidos. A esta conclusión arribamos luego del trabajo de campo que hicimos y descartando otras enfermedades como la encefalitis crónica o el envenenamiento por mercurio o plomo, pues aunque presentan síntomas similares siempre conseguimos algo que no coincidía con lo ocurrido en las 14 comunidades donde se han registrado las muertes", precisó.

Otro argumento que permitió a la galeno decantarse por la rabia fue el hecho de haber tratado a una paciente desde el momento en que presentó los síntomas hasta que murió. "En siete días ocurrió todo", agregó.

Autoridades regionales de brazos cruzados

Cuando 12 meses atrás en la comunidad de Mukoboina se registraron los primeros decesos (3), los cuales lamentablemente se produjeron todos en una misma familia, sus habitantes acudieron a la Gobernación de Delta Amacuro a solicitar ayuda. El despacho dirigido por la oficialista Yelitza Santaella envió sendas comisiones, las cuales, no obstante, no dieron con la causa de los decesos.

Visto que las autoridades regionales no ofrecieron ninguna respuesta satisfactoria, los Moraleda y el matrimonio Briggs se trasladaron hasta la capital venezolana para pedirle al Ejecutivo Nacional que tomara cartas en el asunto, pues esta enfermedad estaba creando terror entre los indígenas y con sobradas razones. "Si una persona, que no ha sido vacunada contra la rabia, se contagia muere. No hay tratamiento para esta enfermedad. Ninguno de los mordidos por los murciélagos sobrevivió", afirmó el antropólogo.

En un principio desde el Gobierno central los denunciantes recibieron descalificaciones. Se les acusó de pretender enturbiar el clima preelectoral e incluso el ministro de Salud, Jesús Mantilla, no dudó en esgrimir la nacionalidad estadounidense de Briggs para tacharlo de "agente de la CIA". Igualmente la Fiscalía venezolana abrió una averiguación penal y citó a declarar a la doctora. "Resulta incómodo esto, pues lo único que hemos hecho es tratar de informar sobre una situación que se está presentando para evitar que siga ocurriendo, pero si tengo que hacerlo lo haré", afirmó Mantini.

Sin embargo, los señalamientos han sido escuchados, pues desde Caracas se envió a la zona una comisión de especialistas que están tratando de determinar las causas de los fallecimientos.

Así mismo, desde el Ministerio de Pueblos Indígenas se anunció el envío de 5.000 mosquiteros para evitar más mordeduras de murciélagos. Esta iniciativa fue aplaudida por el matrimonio Briggs, quienes además solicitaron de las autoridades que inicien una campaña de vacunación masiva de indígenas, en especial para entre los menores, el grupo más vulnerable, pues 32 de los 38 fallecidos eran niños. Y, otra parte, recomendaron tomar medidas para controlar la población de murciélagos en el Delta.

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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