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¿Qué viene después del sexo en tiempos de antitabaquismo?

Reproducción
Nuestro columnista Marcelo Carneiro redefine los roles del hombre y la mujer luego del acto sexual.

Marcelo Carneiro da Cunha
San Pablo, Brasil

En los viejos y malos tiempos, venía el cigarrillo y, mirando a la pared del frente, la pregunta inevitable: "¿Te gustó tanto como a mí?", y probablemente, quien respondiera con un "no" era tirado bajo el tren.

En estos tiempos de movimientos antitabaquismo y de falencias en el servicio ferroviario, ¿qué viene después del sexo?

Creo que tenemos más experiencia y aprendimos que no se pregunta JAMÁS si el otro lo pasó tan bien como uno. Más fácil cambiar de pareja que pasar por esta prueba durísima para nuestra autoestima. ¿Por qué preguntar si algo que se hace para bien, salió así, bien? ¿Por qué dudar de nuestra pareja y sospechar que, en realidad, le estaba diciendo "mi amor" a la pared que tiene al lado? Estos son nuevos tiempos. Vivimos una vida repleta de información y todos, hombres y mujeres, podemos googlear todas y cada una de las dudas que habiten nuestra mente, desde dónde es mejor comprar un televisor de LCD hasta dudas en cuanto a la mejor forma de garantizarle un orgasmo a cualquier pareja. Como bendición de nuestros tiempos, el sexo se transformó en algo menos atemorizante y más comprensible, más placer y menos pánico, más bondadoso y divertido, sin que ya nos importe lo que el Papa de turno nos diga al respecto. Ufa.

Y entonces vuelve la pregunta: ¿qué viene después del sexo hoy en día?

Viene todo el resto. Viene el diálogo, por ejemplo. Durante largo tiempo me parece que hombres y mujeres no tenían tanto que decirse unos a otros. Nuestros roles, además eran diferentes, nuestras vidas tan diferentes, y, además, muy cortas. La gente se moría por cualquier causa, mucho antes de conseguir desarrollar una buena relación, una mala relación, o cualquier relación, parece.

Los hombres tenían que salir a cazar animales más lentos o más burros que ellos, inventar la rueda y volver a su casa o pelear en una guerra cualquiera. Las mujeres tenían que inventar la agricultura, lo que significaba domesticar gramíneas, y domesticar animales domésticos, lo que explica en parte por qué los hombres pasaban tanto tiempo afuera, prefiriendo las guerras.

Nuestras funciones pre e históricas eran demasiado diferentes para que hombres y mujeres desarrollaran un lenguaje de intercambio. Después que inventamos el alfabeto, nos abocamos a otras tareas que nos parecían más útiles que comunicarnos con los alienígenas que posiblemente éramos unos para otros.

Esto cambió hace muy poco tiempo, desde la última guerra, cuando las mujeres entraron en la cadena de valor incorporándose al mundo del trabajo industrial y pasaron a vivir vidas muy semejantes a las de los hombres. Actualmente estamos unidos en los infartos y las cuentas a pagar, en las responsabilidades hogareñas y en el caos del tránsito. Si no somos iguales, tenemos los mismos problemas y elecciones y cometemos los mismos errores, lo que siempre aproxima a las personas, piénsenlo. Las diferencias son mínimas. Las mujeres siguen prefiriendo las películas de lágrimas, les gusta pasarse horas mirando escaparates, hacen óooooooh cuando ven bebés y usan lápiz labial y rímel, mientras ocupan más del 60% de los nuevos cargos en la Justicia brasileña, entre otras cosas. Los hombres todavía cultivan un amor nada discreto por los automóviles en general, los deportes colectivos y sanguinarios, las películas sensibles con Bruce Willis contra todo el ejército iraquí y las secciones narrativas de Playboy. Pero cambiaron completamente en relación a la paternidad y ahora cambian pañales.

Si nuestras vidas se parecen más, y si comenzamos a dialogar, tenemos algo que hacer con el vasto tiempo que nos sobra después que el sexo termina. Después del sexo, vean, viene la vida. Descubrir qué hacer con ella es el nuevo desafío al que nos enfrentamos, ahora unidos en el desafío y la posibilidad de crear dúos, parejas, pandillas, en un formato que nos facilita el compañerismo, y proporciona complicidad e intercambios reales, además de buenos conflictos, de esos que nos hacen crecer, aún bajo el dolor generalizado. Eso, apenas y todo eso, es lo que nos resta. Así que deseémonos buena suerte.

¡Ah! Por extraña coincidencia, una nueva novela mía, curiosamente titulada Depois do Sexo, ya está en las mejores librerías y, espero, en las otras también, gracias a la espectacular distribución en Brasil de la editorial Record. Espero que hagan lo que yo no puedo hacer y lean el libro. Comentarios, elogios y tomates, tengan la amabilidad de enviarlos a esta redacción. Gracias a todos por la lectura y hasta la próxima.

Marcelo Carneiro da Cunha es escritor y periodista. Escribió el argumento del cortometraje "O Branco", premiado en Berlín y otros importantes festivales. Entre otros, publicó el libro de cuentos "Simples" y la novela "O Nosso Juiz", por la editora Record. Dos largometrajes están siendo producidos a partir de sus novelas "Insônia" y "Antes que o Mundo Acabe".

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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