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América Latina ya no es "víctima del imperialismo"

Reuters
"Lenin puede seguir durmiendo en su ataúd en Moscú, porque el mundo ya no lo está mirando ni a él ni a lo que representó"

Marcelo Carneiro da Cunha

El fin de semana estuve en Rio de Janeiro en la Bienal del Libro. En realidad, no exactamente en Rio de Janeiro sino en la versión Miami de la ciudad, que se despliega entre la Barra da Tijuca y el Recreio dos Bandeirantes. Teniendo en cuenta la distancia desde allí hasta el centro de Rio, bien podría decirse que la Bienal pertenece tanto a Rio de Janeiro como a Santos (Sao Paulo). En fin, fui y participé en un debate sobre literatura hispanoamericana, creo que me invitaron por mi condición de gaúcho.

De cualquier manera y en reconocimiento a los amabilísimos organizadores del evento, traté de encontrar algo que decir sobre la literatura escrita en nuestra América Latina.

Para ponerme en contacto con el tema, procuré algo de luz y conocimientos con el mejor intelectual que conozco, Luis Augusto Fischer (porque su cultura es excelente, porque habla y escribe excelente, y hasta posee sentido del humor, cosa rara en este medio), quien me mostró un diagrama creado por Ian Alexander, un alumno suyo de maestría que vino desde Australia ¡para estudiar al escritor brasileño Erico Veríssimo!.

El diagrama es simple: nosotros los americanos, países y naciones de América, somos parte del Nuevo Mundo. Y el Nuevo Mundo se formó en todos los países de la misma manera: un espacio habitado por indígenas es invadido por blancos europeos. Después de esta conquista inicial y el establecimiento de una matriz europea, otros pueblos son transferidos a este territorio, mientras éste se transforma en país. Los porcentajes finales de cada una de estas franjas étnicas definen a la sociedad que se construye en el país y la literatura que va a producir. Esta literatura será siempre blanca, u occidental, independientemente de quien la escriba. El escritor será siempre occidental, sea mestizo o no. El tema de esta literatura será la construcción de la identidad nacional, ligado al espacio físico que esta sociedad ocupe en particular. Por lo tanto, tendremos una literatura diferente en Argentina, México, Colombia o Brasil.

Lo que presenté en el debate fue mi sensación de que esta fase terminó. Ya no tenemos más problemas de identidad nacional en América Latina, todas las naciones ya están constituidas. No existen disputas limítrofes en curso (a no ser en Bolivia, donde está la tensión separatista de las áreas más ricas que no quieren convivir más con la Bolivia más pobre), o entre Bolivia y Chile, por la salida al mar.

El eje ahora está puesto en el tiempo, ya no en el espacio. Nuestra preocupación hoy, para la vida y para la literatura, se ha modificado para plantearse cómo viajar horizontalmente rumbo al deseo de ser todos clase media. Ese parece ser el sueño, esta parece ser la promesa. En Chile, impulsados por la derecha, logran crecimiento y distribución de renta. En Brasil sucede lo mismo, gracias a un movimiento que parece ser de centro-izquierda. En los últimos años, medio millón de campesinos de la clase más pobre, habrían ascendido a una supuesta clase media. Argentina deja de pensarse a sí misma como europea y emprende el mismo viaje, el de recuperar su clase media perdida. Y Venezuela... bueno, mejor dejémosla ahí.

Ante el objetivo del último proyecto de recreación del hombre, desarrollar una nueva sociedad tendiente al socialismo, parece que estamos todos intentando igualarnos frente al mercado, con Brasil, que ostenta la posición de liderazgo económico, mostrando las garras hacia afuera para crear un proyecto hegemónico para la región, a partir de San Pablo y sus intereses.

El nuevo sistema es simple: los ricos tienen la libertad para continuar siendo ricos; ahora los pobres deben dejar de ser pobres. Esto vale para India, China, Brasil, y para todos los que aún no se subieron a este tren, tal vez las excepciones sean África y Haití, porque allí el asunto parece demasiado complicado para lo que se pretende realizar.

Lenin puede seguir durmiendo en su ataúd en Moscú, porque el mundo ya no lo está mirando ni a él ni a lo que representó. La literatura deja de ser heroica, se torna mundana. Abandona a los dioses y mira hacia los humanos. Le preocupa el hecho de que todos tenemos o tendremos un celular, y lo que esto provoca en nuestra privacidad. O el hecho de que las mujeres necesitan descubrir qué hacer con el poder que adquieren, y los hombres necesitan enfrentar sus nuevas circunstancias. Nuestras economías crecen, nuestra música desaparece, el cine intenta encontrar espacios, los norteamericanos están cada vez más grandes.

Todo esto se debatió en la Bienal, y sospecho que puede ser, de alguna forma, relevante, si no lo es para los diez espectadores que dejaron la playa para ir a escuchar a los escritores en Rio, en la Barra, al menos para los expositores de la mesa, que salieron de allí mirándose de un modo extraño. Tal vez ser latinoamericano ya no es lo que era: un refugio seguro en el mundo, en nuestra condición de víctimas del imperialismo, del latifundio, del Fondo Monetario Internacional, o sea, de todas las plagas menos las nuestras, naturalmente.

Marcelo Carneiro da Cunha es escritor y periodista. Escribió el argumento del cortometraje "O Branco", premiado en Berlín y otros importantes festivales. Entre otros, publicó el libro de cuentos "Simples" y la novela "O Nosso Juiz", por la editora Record. Acaba de escribir la novela "Depois do Sexo", que será publicada en septiembre por la Record. Dos largometrajes están siendo producidos a partir de sus novelas "Insônia" y "Antes que o Mundo Acabe".

Las opiniones expresadas aquí son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente están de acuerdo con los criterios editoriales de Terra Magazine.

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