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Niños con obesidad y sobrepeso se concentran en sectores sociales medios
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El comportamiento sedentario prevalece en la mayoría de los niños, pero es más marcado en sectores con menores recursos, lo que se suma a una malnutrición producto del consumo de productos más baratos y calóricos, como el pan.
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La malnutrición por exceso se ha trasformado en las últimas décadas en un importante problema de salud pública tanto en países industrializados como en aquellos en vías de desarrollo, alcanzando características de epidemia.
Al evaluar la prevalencia de malnutrición por exceso y patrones de alimentación y actividad física según nivel socioeconómico en nuestra región se encuentra un comportamiento similar al observado en países industrializados, donde los grupos más pobres presentan una mayor prevalencia de obesidad y sobrepeso, así como una alimentación más deficitaria con elevado porcentaje de sedentarismo.
Esto se confirmó en un estudio realizado por la Universidad Católica e ILSI Sur-Andino (Internacional Life Science Institute), donde se revela que existe un dramático aumento en los niveles de sobrepeso y obesidad a medida que disminuye el nivel socioeconómico (NSE).
Obesidad
La obesidad se define como un desbalance entre la ingesta y el gasto energético, siendo mayor la energía consumida que la gastada por el organismo. En su etiología actúan factores genéticos y ambientales, jugando un rol esencial la alimentación y la actividad física.
Al analizar el estado nutricional del grupo, se observó que un 39% de los menores encuestados se encuentra en estado de sobrepeso u obesidad. De este porcentaje, un 17% corresponde a obesos y un 22% a sobrepeso.
Al analizar las diferencias por género se observa que los niños presentan un porcentaje significativamente mayor de obesidad que las niñas, 21,2% y 12,4% respectivamente.
Sedentarismo
El estudio también demostró bajos niveles de actividad física: el 65,4% de los niños es sedentario y menos del 1% realiza más de tres horas diarias de actividad física.
"Esta situación podría deberse a múltiples factores e incluye la falta de seguridad en permitir a los niños salir a jugar o a andar en bicicleta en la calle, una gran afición por los videojuegos o por la televisión y otras actividades sedentarias" precisó el doctor Jaime Rozowski, investigador principal del estudio.
Si se comparan los distintos niveles de actividad física según el nivel socioeconómico de los niños, se observa una marcada disminución de ésta a medida que disminuye el nivel socioeconómico.
Recomendaciones
Aumentar la actividad física en los hogares y el colegio es una de las soluciones que plantea Valerie Engler, coordinadora del estudio, quien sostiene que es necesario un replanteamiento de la malla curricular e incorporar más horas de educación física.
"Es importante que los niños aumenten su actividad en la casa, para lo que es primordial el apoyo de los padres, quienes debieran acompañarlos en actividades al aire libre". La idea -agregó- es disminuir el uso del computador y las horas que permanecen frente al televisor.
En esta línea, Viviana Aranda, presidente de ILSI Sur-Andino, recalcó la importancia de promover cambios en los hábitos alimentarios de los niños, a través del sistema escolar. "Sería de gran ayuda incorporar clases de nutrición, para enseñar a los más pequeños en qué consiste una dieta balanceada y cómo equilibrar el consumo y gasto de calorías".
Mala nutrición
Al disminuir el nivel socioeconómico se observa una disminución de las calorías provenientes de proteínas junto al aumento de hidratos de carbono en la dieta. Esto se explica en que las proteínas son más caras de consumir que los hidratos de carbono, haciendo de éstas últimas las preferidas de los NSE más bajos, lo que se refleja en el alto consumo de pan en estos grupos.
Finalmente, en relación al consumo de nutrientes, el análisis reveló que los niños consumen sólo el 50% de lo que deben consumir como fibra y calcio, "lo que incide en la digestión y formación de huesos en los niños que están en crecimiento", advirtió Rozowski.
La ingesta de fierro, riboflavina, tiamina, niacina y ácido fólico superan la recomendación de ingesta diaria, lo que se debe al alto consumo de pan, fabricado con harina fortificada con estas vitaminas y hierro.
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