| Las amígdalas palatinas, comúnmente llamadas anginas, son órganos linfáticos secundarios. Generalmente, la población tiene la idea que las anginas son parte del sistema inmunológico de defensas, es decir, que son indispensables para crear anticuerpos para contrarrestar algún virus en la garganta.
Sin embargo, estudios sobre amigdalectomía han demostrado que en ningún caso las amígdalas producen una inmunodeficiencia significativa, su función principal es evitar infección dentro de la garganta, pero no la reproducción de anticuerpos. Por tanto, es importante señalar, que en dado caso de requiera su extracción, esto no afectaría el sistema inmunológico de la persona.
Amigdalitis es la inflamación de una o las dos amígdalas palatinas; es decir, la inflamación de las masas de tejidos ovales, carnosas, grandes que están en la pared lateral de la orofaringe a cada lado de la garganta. Estas agrupaciones de tejido contienen las células que producen anticuerpos útiles en la lucha contra la infección. Dicha inflamación es causada por baterías de estreptococo, los adenovirus, virus de la influenza, virus de Eespstein-barr, virus parainfluenza, virus enterovirus o un simple virus de herpes.
La Amigdalitis es causada por estar en expuesto en contacto directo y cercano con personas infectas por las vías respiratorias; principalmente cuando tosen o estornudan. La transmisión de dicha enfermedad tiene un periodo de incubación, por tanto los síntomas de esta enfermedad tardan en aparecer. Es raro que la transmisión de una amigdalitis sea trasmitida por un contacto casual o por comida contaminada. La amigdalitis tiene un proceso de incubación entre 2 a 3 semanas de haber sido infectados; por tanto, es difícil saber quien contrajo dicha afección desde el primer momento. Los primeros síntomas de la enfermedad tardan en aparecer, lo cuál se corre el riesgo de contagio.
Esta enfermedad puede aparecer a cualquier edad, pero con mayor ocurrencia en niños entre 2 a 6 años; esto debido al contacto directo que tienen entre ellos mismos en su convivencia diaria. Los síntomas más visibles de dicha enfermedad son dolor al tragar, fiebre, falta de apetito. En casos extremos, aparecen placas de pus en la garganta y los ganglios del cuello se inflaman.
Respecto al tratamiento de la amigdalitis, en años anteriores los especialistas recurrían a la operación de las anginas, es decir, a la extirpación de amígdalas; esto con el fin de evitar complicaciones al paciente. Actualmente ha cambiado el criterio de los especialistas de otorrinolaringología respecto a la cirugía de las anginas. Ahora se sabe que las amígdalas desempeñan un papel muy importante en la lucha contra las infecciones, especialmente en los primeros tres años de vida, pues el organismo forma los anticuerpos correspondientes, que mas adelante protegerán al niño. Por consiguiente, se evita a toda costa realizar alguna extirpación de las amígdalas.
Actualmente el especialista en primer lugar examina al paciente con una lámpara pequeña la garganta, para determinar el grado de daño que las amígdalas tienen. Si ha sido recurrente y durante mucho tiempo el padecimiento, el doctor realiza el estudio de garganta (cultivo, exudado de fauces, test rápido), para poder así determinar cual será el tratamiento a seguir. Comúnmente se trata con un buen antibiótico y un antitérmico alrededor de 10 días es todo lo que se necesita para combatir la enfermedad, ante de recurrir a la cirugía.
Si cualquier médico le sugiere operar de las amígdalas a su hijo, la mejor opción es llevar al paciente a un especialista en otorrinolaringología. Él le dará distintas alternativas de tratamiento antes de operar. Por ello, no deje pasar el tiempo, si el pequeño con frecuencia sufre de amigdalitis, acuda al médico y siga el tratamiento al pié de la letra. Copyright Terra Networks SA
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